22 Mar Un yaguareté de tres metros cobrará vida en la Bienal de Escultura del Chaco
La imponente escultura será realizada en arcilla, se cocerá en vivo y permitirá la participación del público. Así lo adelantaron a Diario Chaco el curador de arte Gustavo Insaurralde y la escultora Desirée De Ridder.
El yaguareté es un animal y símbolo chaqueño-argentino que se distribuía ampliamente en nuestro país, desde el norte hasta la Pampa Húmeda. Sin embargo, desde un poco antes del siglo XX, el mayor felino del continente comenzó a desaparecer de su rango de distribución, principalmente por la cacería.
Desde hace un tiempo, el animal comenzó a reintroducirse en la fauna chaqueña para poder restaurar el ecosistema. A pesar de que la caza del Monumento Natural Nacional continúa siendo un problema, habrá un yaguareté que nunca podrá ser cazado ni extinguido y recordará a cada persona que lo visite, el valor y la importancia de su existencia.
Además, este yaguareté no habitará el monte, sino que rugirá en el medio de la ciudad de Resistencia. Esto es lo maravilloso de la obra que presentará la artista Desirée De Ridder en la Bienal.
La artista oriunda de Buenos Aires, inmortalizará en las calles de la ciudad un yaguareté de tres metros de alto. La escultora trabaja desde hace 20 años con animales en peligro de extinción y, en esta edición, traerá una propuesta innovadora y emotiva.
El yaguareté estará hecho de arcilla, ladrillo y hierro. El modelado del barro, su cocción y el armado de la escultura se realizarán en vivo durante la competencia realizada en el Parque 2 de Febrero.
Pero lo más llamativo de esto -además de su escala- es que el público podrá participar activamente en la obra: “Quienes deseen podrán pisar el barro, podrán colocarlo. Voy a tener unas bateas para que puedan enjuagarse”, adelantó la artista a Diario Chaco.
Pero la experiencia no termina allí. El enorme yaguareté será encendido en fuego como parte del proceso final. Según explicó, esta práctica responde a una tradición ancestral presente en distintos pueblos, donde el fuego simboliza y garantiza la eternidad del ser vivo. En este caso, además, buscará representar el rugido del felino irrumpiendo en medio del ruido de la ciudad.

El momento tendrá lugar hacia el cierre del concurso y estará acompañado por un coro de comunidades indígenas, en una puesta que buscará expresar, ante artistas de todo el mundo, la identidad y la potencia del arte argentino y chaqueño. El espectáculo será solamente el inicio de la contemplación de esta obra que permanecerá en el museo a cielo abierto que ofrece nuestra ciudad.
“Mi objetivo con la escultura es que nos podamos abrazar como argentinos y podamos ser conscientes de este animal autóctono que lo tenemos que salvar entre todos”, sostuvo Desirée.
La entrevistada, quien participó de otras bienales alrededor del mundo, contó a Diario Chaco que está muy emocionada de participar de esta edición. ¿Por qué? -fue mi pregunta- “Es una competencia que está creciente mucho, este año hubo récord de artistas que se postularon”.
LA BIENAL CHAQUEÑA, DISTINTA A TODAS
A dos años de su 40° aniversario, la Bienal Internacional de Escultura del Chaco se prepara para una edición histórica. Según confirmó Gustavo Insaurralde, curador e integrante de la Fundación Urunday, el evento crecerá como nunca antes: “Por primera vez, el montaje abarcará unas 14 hectáreas. El Parque 2 de Febrero desplegará toda su extensión para recibir visitantes de distintas partes del mundo”.
Con experiencia en bienales y encuentros internacionales, Insaurralde destacó lo que, a su entender, hace única a la propuesta chaqueña: “La Bienal es diferente a todas, y eso es por la gente . En otros lugares valoran mucho nuestro trabajo, incluso los escultores se sorprenden porque acá firman autógrafos”.
A diferencia de la imagen tradicional del artista aislado en su taller, la Bienal propone cercanía. El público puede observar el proceso creativo sin barreras, con apenas una cinta que separa al espectador del escultor. Para el curador, esa dinámica se resume en un concepto clave: comunidad.

“La experiencia va más allá de la escultura. Podés venir un lunes o un martes y encontrarte con música en vivo, talleres, amigos y el patio gastronómico. Es un espacio de encuentro donde todos pueden participar sin pagar una entrada, algo que no ocurre en otros países”, remarcó.
En esa misma línea, subrayó que tanto artistas como visitantes se van con una experiencia positiva: “Eso no pasa seguido en otros lugares. A pesar de ser una competencia, convocamos no solo a grandes escultores, sino también a grandes personas. El público se identifica mucho, se acerca, pregunta y quiere saber quién gana”.
El sentido de pertenencia es, entonces, lo que sostiene el evento:“Han pasado gobiernos y generaciones, pero la Bienal sigue vigente”, sostuvo, al tiempo que destacó el crecimiento del certamen: de una competencia local entre escultores argentinos en la plaza central a un encuentro internacional de gran prestigio.
Por otro lado, la identidad cultural chaqueña también ocupa un lugar central, más allá de que el propio concurso forma parte de lo que somos: “Las esculturas son nuestra forma de mostrar lo que tenemos y somos, pero también invitamos a artistas indígenas para que puedan expresar su cultura en igualdad de condiciones con el resto porque creemos que es nuestra identidad como argentinos”, explicó, en referencia a la diversidad que caracteriza a la propuesta.
Por último, Insaurralde destacó el impacto del arte local fuera de la provincia: “Cuando viajo llevo piezas textiles o cerámicas hechas por artistas indígenas, y en otros países se emocionan mucho. Valoran muchísimo ese trabajo”.
La Bienal de las Esculturas es mucho más que un evento: es un encuentro que, cada dos años, reúne a los chaqueños y un público internacional para celebrar —como podría decirse de manera informal— la “chaqueñez”. Quienes habitan este territorio y esta cultura comprenden, más allá de las palabras, el sentimiento y el significado que encierra.